amechiro: (i love you (and you and you))
chiro ([personal profile] amechiro) wrote in [community profile] 16hertz2012-04-03 01:47 am

Para [profile] quinesob, títulos pendientes

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# 18 - eco de mi tabla simbólica para [community profile] 30vicios, Oishi Shuuichiroh - 1,113 palabras
Parejas: Oishi Shuuichiroh/Tezuka Kunimitsu (Oishi/otro)


Le gustaba saberse enamorado de Tezuka.

Durante sus años en Seigaku se había acostumbrado a en público sólo observarle por la comisura de sus ojos. La estoicidad de Kunimitsu y los rumores que habían surgido antes de aprender a adivinar la presencia de su mejor amigo sin necesidad de verlo, lo habían limitado a que aún en sus acciones más afectuosas dejara dos palmos de distancia entre los dos, compartiendo el recreo en neutral silencio o estudios bajo el árbol que habían hecho suyo (su mejor amigo había ganado veinte centímetros y su cuarto par de lentes durante el verano de sus trece). Él, reservaba sus sonrisas para conmiserar con las varias docenas de chicas que se presentaron durante los años a su mejor amigo con intenciones fijas en sus bocas retocadas de dulce lipstick. Solían desenamorarse de Tezuka cuando Oishi las miraba con los grandes ojos de su padre, y su voz que hablaba de no entender a su mejor amigo él mismo y suplicaba su comprensión tras ser rechazadas, aseguraba su presencia distante aunque permanente en los jardines a su alrededor, poco a poco eliminando los rumores sobre los dos.

Durante seis años tomó consuelo de imperceptibles hábitos - largos dedos apretando momentáneamente su codo cuando tenía la atención en otra parte y no escuchaba a su capitán; la punta de un zapato deportivo rozando su pantorrilla cuando Tezuka cruzaba las piernas en la pequeña mesa en la que se habían apropiado en el Maki's. Encontraba bolígrafos en su mochila para reponer los que mordía mientras estudiaban al pie de la cama; hojas de otoño y silencios en sus bolsillos. En un viejo libro inocuo sobre la cama, una vez, un incomprensible dibujo que había hecho y desechado en la clase de álgebra su primera semana en Seishuun Gakuen. Eran regalos de días sin mayor relevancia o necesidad que existir, con él, ahora.

Así que el día que se despertó, quince años de edad, pensó en Tezuka y supo que estaba enamorado, no hubo sorpresa, únicamente una sonrisa aún adormilada y la certeza de que moriría con el escalofrío en la base de su cuello que era la voz de su mejor amigo. Se separarían varias veces durante los años, con la universidad, tenis y distintos sueños entre los dos, pero la madrugada de Centro América en que Kunimitsu ganó su primera copa mundial y con la euforia aún en sus venas llamó para pedirle que lo esperara, Shuuichiroh no tuvo siquiera que pensarlo, ni siquiera fingir no saber de qué hablaba. Fue fácil, enamorarse.

-- antes le roba el aliento darse cuenta que no siente nada, doce años después.

Aquí, yace tirado en el suelo de una pista de patinaje, sin la identidad que tenía de sí mismo y la ropa comenzando a empapársele por el hielo; un tobillo torcido, el extremo de la bufanda que le había llegado en correo express el día antes de navidad tapándole un ojo, mientras siente la risa de Akutsu Jin /por qué, porqué, porqué aceptó salir con él/ en cada centímetro de su piel y su entrepierna y lo único que puede pensar es besarle al tiempo que desea viciosamente que Tezuka tuviera esa risa grave e incontenible, tomara pequeños y constantes bocados de aire como dándose por vencido, echara la espalda para atrás y se deshiciera en carcajadas. Es sólo hasta este momento, cuando Akutsu es cruel incluso en su belleza, que puede admitirse (en susurros aún dentro de su propia cabeza) que permanecer a dos palmos de distancia nunca fue suficiente. Kunimitsu siempre ha valorado el silencio y su espacio personal, pero hay ocasiones en que la quietud enloquece a Oishi y sólo quiere besar a su prometido en la recepción del hotel, o tomarlo sobre el desayunador de la suite sin necesidad de previa cita o cuenta regresiva; en que se harta de dar tumbos en el psique del que ha sido confidente por casi dos décadas y vivir de ausencia, viejas fotografías y llamadas de larga distancia hasta que puedan caminar furtivamente (juntos y aún lejanos) durante las cuatro semanas que comparten al año en cualquiera que sea el país que marque el pasaje de avión. La mirada afectuosa, entre confundida, maravillada y agradecida que le dirige Tezuka cuando no pide nada más de él.

Pero aún con la posibilidad de hacer una llamada y disolver su compromiso a trescientos yen el minuto de pie frente a él (riendo, aún riendo, su voz es como descubrir sexo por segunda vez; y le apena darse cuenta de cuán horriblemente humano se siente en aquellos instantes), la idea de renunciar a horas de lectura con la cabeza en el regazo de Tezuka, o dejar de seguir sus labios con la punta de sus dedos cuando sonríe hasta que baja la mirada y deja de hacerlo (tímido, tan consciente e ignorante de su propio cuerpo), despertarse algún día de un futuro lejano sin su posesivo abrazo cuando yacen en la cama sin quitarse la ropa, el solo pensarlo es suficiente para hacerle ponerse en pie entre tambaleos y patinar lejos de Jin, que confundido y molesto le llama dos veces antes de mandarlo al diablo.

Se queda el pánico con él cuando pide dinero prestado a su padre para completar el costo de un boleto a Buenos Aires y en el vuelo pide hielo para envolverse el tobillo lastimado. Ya en Argentina, mientras espera sus maletas, llama al agente de Tezuka y éste, con el recuerdo de viejos tabloides en la cabeza (agente 'retirado', molestia a estrella de tenis japonés, el hombre había sido amigo de Kunimitsu antes de intentar convencerlo de dejar a Shuuichiroh por una supermodelo alemana), con traje y peinado aunque sus ojos dicen que no ha dormido más de dos horas, le entrega la llave de la habitación tan pronto el taxi del aeropuerto se estaciona frente al hotel a mitad de la noche. Es sólo cuando Shuuichiroh se mete entre las colchas a reencontrarse con la dolorosa familiaridad que es la respiración y el silencio de su mejor amigo, que deja de escuchar el eco de la risa que le ha perseguido por medio mundo.

Tezuka no despierta. Oishi no duerme. Durante las horas restantes de la madrugada observa la foto enmarcada en el buró que es lo primero que su amigo prometido desempaca en sus viajes (diecisiete años, Italia, había aprendido a decir "te amo" en tres dialectos antes de la cena aunque nunca lo hubiera pronunciado en japonés). De mañana Kunimitsu abre los ojos grandes, tarda apenas un instante para abrazarle de vuelta cuando esconde el rostro en su cuello, y Shuuichiroh sabe que a pesar de todo nunca se irá.




# o8 - calor - 275 palabras
Pareja: Oishi Shuuichiroh/Momoshiro Takeshi
PG-13


Se pregunta qué es lo que ve, cuando Oishi-senpai lo observa de reojo. Podría casi perder sus miradas, pero tilda la cabeza a la derecha siempre que lo hace, como si no pudiera evitarlo. El vicecapitán observa a todos porque esa es su función principal en el club, pero sabe que no imagina que a él le sigue con la mirada, porque a veces puede sentir el fantasma de su mano sobre la curva de sus gluteos, entre sus hombros con el sudor pegándole la camisa al cuerpo, en su cuello cuando toma agua y se abre un botón de la camisa. Pero nunca cuando están en los vestidores, donde visten sólo su confianza sobre la piel (y eso, eso le vale otro botón). Una vez que Tezuka les ha dado la espalda durante la práctica, Kaidoh segunda cancha, Takeshi aprovecha para alzarse la playera y secarse el sudor de la cara y, ah, ahí está, los músculos se le contraen cuando Oishi-senpai le recorre de pasada desde el otro lado de la red. Le sonríe, lo siento senpai, sin revelar nada a él ni a los otros jugadores que los animan. Si fuera a Taka-san, le lanzaría un beso y una volea alta, pero no lo es y el juego que no es juego y no admite reconocer siempre le deja con el cuerpo ansioso, y da un salto y una perfecta vista de sus piernas abiertas en jack knife; el beso, promete con un giro de la raqueta cuando siente una caricia en el muslo, se lo guarda para después.




# o2 - sumisión - 791 palabras
Pareja: Oishi Shuuichiroh/Momoshiro Takeshi
NC-17, dom/sub


Pasa las dos semanas después de la primera vez que Oishi-senpai consiente a caer en la cama con él (la ropa sin quitar, las manos bajo el pants, el elástico marcándosele en la muñeca que tiene atrapada entre los dos y esos primeros momentos de ajuste, él queriendo escuchar los sonidos de ah, ah, ah que su superior intenta tragar y Oishi-senpai mordiéndole entre cuello y hombro para que grite), observándolo.

-- de acuerdo, hay un ensayo de las teorías de la creación del universo, una ida al museo, cálculos, dos pasteles en llamas, una cadena de bicicleta rota, siestas en clase de Historia Mundial, dos exámenes, varias peleas, un turno en detención con Kaidoh, una infección estomacal, treinta horas de tenis y no menos de tres personas llorando en los corredores durante el transcurso de esos diez días (sin contar el drama que es el fin de semana y lo sucedido con Kikumaru que amenaza con dejar el país en cuanto se atreva a salir de su cuarto), pero está acostumbrado a eso.

Es fascinante, sin embargo, ver a Oishi-senpai, que más que nadie es punto de referencia del equipo, cambiar repentinamente. Casi dos años de conocerlo le dicen cuan táctil Oishi-senpai puede ser: un brazo sobre los hombros en camaradería, una mano alrededor del codo u hombro para llamar tu atención, un empujoncito pequeño para apresurar (o no tan pequeño si eres como aquél chico del que pronuncian su nombre en susurros en los pasillos, del que rumores dicen no han visto más de él - y es cierto porque se mudó a Osaka, el desafortunado encuentro con el vicecapitán de Seigaku no tuvo nada que ver), un toque en la espalda con los dedos o la raqueta como advertencia, y suele jalar o guiar a sus amigos fuera de edificios y peleas; pero ahora el contacto se ha reducido a nada, a saludos y despedidas a un metro de distancia. Tres días después, cuando Takeshi finalmente se da cuenta del cambio, no puede evitar reírse hasta que Kaidoh se aburre de intentar pelear con él y se va, y mientras intenta recuperar su respiración tumbado en el suelo, se pregunta si los demás están conscientes de lo que aparentemente eran muestras de cariño, solían ser invitaciones y un atisbo de control (dominación) de parte del subcapitán. No es fácil, lo nota, para él cambiar, sus dedos a veces se crispan, su mano en ocasiones subirá de cuenta propia como para darle una palmada al hombro de Taka-san, pero mira hacia donde Takeshi se encuentra y se arregla el cuello de la camisa, se frota la frente o se pasa las manos por el corto cabello a mitad del camino. De tal modo que cuando en los días posteriores Oishi-senpai propone atarlo a la cama no se sorprende.

--y podría decirle a su (¿novio?) superior que no le molesta, que todos son amigos, pero se imagina seis meses después, con las pulseras deportivas ocultando las marcas que provoca la bufanda en sus brazos, y Oishi-senpai junto a Tezuka, con una mano en el hueco de su espalda y sabe, sabe en ese momento que no está preparado aún para ser capitán, porque no habría podido preveer los celos consumiendo la boca de su estómago. No le sorprende del todo que su superior lo conozca más de lo que se conoce él mismo. Sólo por eso le envía un mensaje, sale temprano de la escuela y le espera en su cuarto, con el uniforme de Seigaku puesto y una bandana que tomó prestada de Kaidoh cubriéndole los ojos.

Lo que sigue es una silla atorada bajo el picaporte, manos atadas tras la espalda con su propia sudadera, dedos torciéndose en la tela mientras el vicecapitán (Shuu--Shuuichiroh; creo que... que ya puedes llamarme por mi nombre,) le pone de rodillas y llena su boca, acaricia sus mejillas por fuera con sus dedos y dentro casi lo ahoga, casi toca su garganta e inunda sus oídos con ah, ah, ah, y el obsceno movimiento de su mano sobre glande, sus dedos cubiertos de saliva porque Takeshi no puede tragarla toda y es sucio, terrible y fácilmente el mejor momento de la semana, aunque no puede tocarse y se queda montando el aire, ensuciando sus pantalones de forma tan obvia que tendrá que masturbarse dos veces antes de poder lavarlos.

Al final-- al final, Takeshi recarga la frente en sus muslos, labios parchados y doloridos, mientras Oishi-senpai le pasa los dedos entre el cabello, acariciando donde ha jalado con demasiada fuerza al correrse. Es perfecto.

(Después de esas dos semanas, entre sexo y tenis, Echizen llega a la escuela montando a caballo e Inui desaparece tres días y reaparece convencido de haber sido secuestrado por aliens, pero eso es otro asunto.)